El premio Nobel de Economía Paul Krugman publicó un análisis en el que advierte que el cierre prolongado del estrecho de Ormuz podría desencadenar consecuencias económicas más severas de lo que proyectan los organismos internacionales. Según el economista, el 20% del suministro mundial de petróleo que normalmente fluye por esa vía no se restablecerá en el corto plazo, posiblemente durante varios meses, y los modelos de análisis tradicionales subestiman el impacto porque parten de estimaciones de precios en lugar de restricciones físicas de oferta.
Krugman plantea que el ajuste inevitable será lo que denomina «destrucción de demanda»: ante la imposibilidad de sustituir el petróleo en el corto plazo, la economía global se contrae, se produce menos y se consume menos. En otras palabras, una recesión. Para ilustrar la magnitud de la incertidumbre, el economista cruzó distintos escenarios de disrupción en la oferta con niveles de elasticidad de la demanda: en un escenario de alta disrupción con baja respuesta de los consumidores, el precio del barril Brent podría alcanzar los US$372. Bajo disrupción intermedia, el rango va de US$123 a US$233.
El análisis desafía directamente las proyecciones más moderadas del FMI, que anticipa una desaceleración pero no un colapso. Para Krugman, si el precio actual del petróleo no parece suficientemente alto como para provocar una recesión global, es porque está siendo subestimado. Su conclusión es directa: si el estrecho permanece cerrado durante varios meses, una recesión global es el escenario más probable.
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