Por Claudia Montenegro

Hace quince años llegué a Miami con una profesión, experiencia, sueños y muchas ganas de comenzar una nueva etapa. Lo que desconocía era que emigrar también significaba aprender nuevamente muchas de las reglas del juego.

Estados Unidos es un país de grandes oportunidades, aunque aprovecharlas exige preparación. Como mujer, inmigrante y profesional de bienes raíces, he aprendido que muchos errores nacen del desconocimiento, la ansiedad y el apuro por avanzar.

Uno de los más frecuentes es querer resultados inmediatos. Llegamos con la necesidad de producir, recuperar estabilidad y demostrar que podemos. Esa prisa puede llevarnos a aceptar negocios que conocemos poco, asociarnos con las personas equivocadas o tomar decisiones sin medir sus consecuencias.

También aprendí algo fundamental: la confianza exige verificación. En Estados Unidos importan los contratos, las licencias, los números, los impuestos y una buena asesoría profesional. Preguntar, revisar y documentar son parte de hacer buenos negocios.

Rodearse de buenos abogados, contadores, asesores y profesionales demuestra inteligencia. Saber hasta dónde llega nuestro conocimiento y cuándo pedir ayuda puede evitarnos errores costosos.

A esto se suma la barrera del idioma. Negociar, comprender un contrato o defender una idea exige una seguridad distinta a la conversación cotidiana. Aprendí a cuidar mi confianza profesional frente a un acento o una palabra imperfecta y a pedir apoyo cuando existen implicancias legales o financieras.

La experiencia que traemos de nuestros países tiene un enorme valor, aunque el nuevo mercado funciona con reglas propias. Conviene observar, escuchar y tener la humildad de volver a aprender.

El real estate me lo ha demostrado durante años. Detrás de cada propiedad existen decisiones financieras, legales y familiares. Por eso entendí que construir confianza y reputación vale mucho más que cerrar un negocio rápidamente.

Después de quince años en Miami sigo aprendiendo, pero ya dejé atrás la prisa de mis primeros años.

A quienes desde Chile o cualquier lugar de Latinoamérica estén pensando en emprender, invertir o comenzar una nueva vida en Estados Unidos, les compartiría algo muy simple: eviten que la ansiedad por llegar rápido les impida construir bien.

Emigrar puede obligarnos a comenzar nuevamente. Ese nuevo comienzo viene acompañado por nuestra historia, conocimientos, cultura y capacidad de adaptación.

Emprender lejos de casa exige aprender, rodearse bien, construir con paciencia y saber permanecer.

Claudia Montenegro, Real Estate & Investment Advisor en Miami, Florida.

Suscríbase a nuestro Newsletter

Manténgase siempre informado.

Reciba en su email la mejor información de eventos y seminarios.

Su email fue agregado exitosamente!