Por Roberto Darrigrandi, socio en ALTADIRECCION Capital Latam.
La conversación sobre blockchain dejó de ser tecnológica y pasó a ser estratégica. Desde la economía institucional, puede entenderse como una infraestructura diseñada para reducir costos de agencia, asimetrías de información y riesgos de manipulación ex post. En términos empresariales, esto significa menos fricción operativa, menor dependencia de intermediarios y mayor eficiencia en el uso del capital.
Un blockchain público funciona como un libro mayor distribuido e inmutable, donde los registros son compartidos y verificables en tiempo real. A diferencia de los sistemas tradicionales -basados en conciliaciones posteriores y auditorías periódicas- permite auditoría continua. Para empresas que operan en el eje regional–USA, esto se traduce en procesos de liquidación más ágiles, menor riesgo de contraparte y reducción de costos de reconciliación en operaciones financieras transfronterizas.
La reducción de asimetrías de información es uno de sus aportes estructurales. El acceso simétrico a datos transaccionales verificables mejora el pricing de activos, fortalece la evaluación de riesgos y habilita contratos automatizados (smart contracts) que ejecutan condiciones predefinidas sin discrecionalidad humana. En términos de gobierno corporativo, emerge una forma de “gobernanza embebida”, donde parte del cumplimiento contractual se ejecuta vía código, elevando estándares de transparencia y trazabilidad.
La señal estratégica desde Estados Unidos es clara. El desarrollo de infraestructura para trading y liquidación on-chain de valores tokenizados en el ecosistema NYSE–ICE confirma que la tokenización está ingresando al núcleo de las finanzas tradicionales. Registrar acciones, bonos o ETFs sobre blockchain permite liquidación atómica (entrega contra pago simultánea), menos intermediarios y menor exposición operativa post-trade.
Para el eje regional–USA, esto abre una oportunidad relevante. Empresas con vocación exportadora o con planes de financiamiento internacional podrían acceder a esquemas de emisión tokenizada, dual listings digitales o fraccionamiento de activos, ampliando su base inversionista y mejorando visibilidad ante capital estadounidense. Sectores como energía, infraestructura, agroindustria, minería y tecnología -intensivos en capital- podrían estructurar instrumentos vinculados a flujos futuros con mayor eficiencia y flexibilidad.
Sin embargo, la integración a mercados 24/7 también implica mayor exposición a flujos globales y a una transmisión más rápida de shocks externos. La volatilidad puede amplificarse y la gestión de liquidez se vuelve más exigente. Esto obliga a fortalecer capacidades en ciberseguridad, cumplimiento regulatorio (KYC/AML), gestión de riesgos de mercado y resiliencia operacional.
La pregunta estratégica para directorios y gerencias no es si esta transición ocurrirá, sino cómo posicionarse. ¿Ser early adopter o fast follower? ¿Qué alianzas tecnológicas y legales son necesarias? ¿Cómo integrar tokenización y activos digitales al marco de riesgo corporativo sin desalinear el apetito de riesgo?
El blockchain redefine la infraestructura de confianza de los mercados globales. Para el eje regional–USA, representa una oportunidad de integración financiera más profunda y sofisticada. La ventaja competitiva estará en combinar innovación, gobernanza robusta y prudencia estratégica para capturar eficiencia y acceso a capital en esta nueva arquitectura financiera.
Roberto Darrigrandi es economista, académico y socio de ALTADIRECCION CAPITAL LATAM. Puedes contactarlo directamente en: roberto.darrigrandi@
