Por Roberto Darrigrandi, socio en ALTADIRECCION Capital Latam.
El inicio de 2026 encuentra a los mercados financieros globales en una posición singular. Las valorizaciones siguen siendo exigentes, las expectativas de retorno positivas pero más moderadas, y la percepción de riesgo, pese a un entorno geopolítico complejo, se mantiene contenida.
Para los inversionistas, el mensaje es claro, ya que no se anticipa una crisis sistémica, pero sí un escenario donde la selectividad, la disciplina financiera y la lectura estratégica del contexto serán determinantes.
Desde una perspectiva financiera, los mercados están haciendo una apuesta explícita por la continuidad del crecimiento de utilidades corporativas y una normalización ordenada del ciclo monetario. Las primas por riesgo permanecen comprimidas y los instrumentos de cobertura reflejan que el principal temor no es una corrección abrupta, sino quedar fuera de eventuales retornos adicionales. En consecuencia, 2026 se perfila como un año de retornos más acotados, mayor dispersión entre activos y una creciente diferenciación entre economías y empresas según la calidad de sus fundamentos.
En materia de financiamiento, por otro lado, 2026 será un año exigente pero no restrictivo. El crédito internacional seguirá disponible, aunque con mayor selectividad y estructuras más sofisticadas. La banca tradicional mantendrá criterios prudentes, mientras que alternativas como el private debt, los fondos de crédito, las coinversiones y las estructuras híbridas seguirán ganando espacio en proyectos de mediana y gran escala. Para las empresas de la región, el fortalecimiento del gobierno corporativo, la transparencia financiera y la capacidad de estructuración serán factores críticos para acceder a capital competitivo.
En este contexto global, América Latina enfrenta un momento particularmente relevante. Varios países de la región están ingresando -o se preparan para ingresar- en un nuevo ciclo político, con señales de mayor pragmatismo económico, foco en estabilidad macroeconómica y una agenda más orientada a la inversión y al crecimiento. Más allá de las particularidades nacionales, este giro compartido tiene implicancias financieras concretas en términos de reducción de la incertidumbre regulatoria, mejora en las expectativas de inversión y una posible compresión gradual de las primas de riesgo soberano y corporativo.
Para los flujos de capital internacionales, en tanto, esta convergencia regional es clave. Los inversionistas globales, provenientes de Estados Unidos, Europa y Asia Pacífico, buscan mercados con reglas claras, instituciones predecibles y proyectos bien estructurados. América Latina ofrece ventajas evidentes en sectores estratégicos como energía, minería, infraestructura, agroindustria y servicios, pero el acceso efectivo a financiamiento dependerá crecientemente de la coherencia entre discurso político, política económica y ejecución.
En síntesis, el escenario base para 2026 no es de exuberancia ni de crisis, sino de normalización financiera global en paralelo a un nuevo ciclo político regional. Para los países representados en FEBICHAM, el desafío compartido es convertir este cambio de expectativas en inversión efectiva, crecimiento sostenible y mayor integración financiera internacional. La oportunidad está presente; la diferencia la marcarán la credibilidad, la estabilidad y la calidad de los proyectos que la región sea capaz de ofrecer.
Roberto Darrigrandi es economista, académico y socio de ALTADIRECCION CAPITAL LATAM. Puedes contactarlo directamente en: roberto.darrigrandi@
