Por Sonia Schott

La Casa Blanca causó tremendo revuelo mundial cuando anunció que la esposa del vicepresidente J.D. Vance, Usha Vance, viajaría a Groenlandia con su hijo y una delegación oficial para visitar lugares históricos, aprender sobre el patrimonio groenlandés y asistir a la “Avannaata Qimussersu”, la carrera nacional de trineos tirados por perros, según el comunicado oficial.

En otras circunstancias, la visita habría pasado desapercibida pero es que el presidente, Donald Trump, ha manifestado innumerables veces su interés de que  Groenlandia forme parte de Estados Unidos.

Bien lo dijo durante su discurso de toma de posesión “Estados Unidos volverá a considerarse una nación en crecimiento, una que aumenta su riqueza, expande su territorio, construye sus ciudades, eleva sus expectativas y lleva su bandera hacia nuevos y hermosos horizontes”.

Sin embargo, el interés por Groenlandia es histórico en la agenda geopolítica estadounidense.

Washington ha querido el control de la isla más grande del mundo desde finales del siglo XIX, cuando el secretario de Estado William Seward, tras adquirir Alaska a Rusia por 7,2 millones de dólares en 1867, comenzó a considerar Groenlandia e Islandia como posibles territorios estadounidenses.

Un informe de 1868 encargado por Seward, quien también tenía también la vista puesta en Canadá, destacaba la vasta pesca, la fauna y la riqueza mineral de la isla.

La adquisición de Groenlandia también podría obligar a Canadá (ubicada entre Alaska y Groenlandia) a unirse a Estados Unidos, según el informe.

En 1910, el embajador estadounidense, Maurice Egan, propuso intercambiar territorios en Filipinas por Groenlandia y las Indias Occidentales Danesas, pero, esos esfuerzos fracasaron.

La importancia estratégica de Groenlandia cobró protagonismo durante la Segunda Guerra Mundial, tras la ocupación alemana de Dinamarca en 1940. El ejército estadounidense estableció una importante presencia militar en la isla que para ese entonces era una colonia danesa, para detener la posible expansión de potencias europeas hacia el hemisferio occidental, una máxima de la Doctrina Monroe.

En 1941, Estados Unidos firmó el acuerdo de «Defensa de Groenlandia» con el embajador danés, que le otorgaba el derecho a construir bases militares en la isla; igualmente les aseguraba acceso a los depósitos de criolita, un mineral vital para la industria aeronáutica.

En 1946, las autoridades estadounidenses ofrecieron a Dinamarca 100 millones de dólares en lingotes de oro por considerarla como de interés militar.

A pesar de los numerosos intentos, los líderes de la isla han resistido sistemáticamente las propuestas que han ido desde intentos de compra de tierras, hasta negociaciones para bases militares.

Cuando la ex Unión Soviética se convirtió en un potencial desafío, en medio de la incipiente Guerra Fría, Washington reconoció una vez más la importancia de Groenlandia en el Ártico como punto intermedio entre Estados Unidos y la URSS.

El interés estratégico de Estados Unidos que incluye la ubicación geopolítica, recursos naturales y consideraciones militares.

Su posición clave, la convierte en un punto estratégico para el control de rutas marítimas emergentes y la proyección de poder en la región. Con el deshielo del Ártico, están surgiendo nuevas rutas comerciales, lo que reduce el tiempo de navegación entre Asia, Europa y América del Norte. Esto genera un interés estratégico en términos de control marítimo y presencia militar en el área.

Groenlandia, alberga importantes depósitos de tierras raras, minerales críticos para la fabricación de tecnología avanzada, incluidos componentes electrónicos, baterías, armamento y sistemas de energía renovable. Actualmente, China domina la producción global de tierras raras, lo que ha llevado a EE.UU. UU. a buscar fuentes alternativas para reducir su dependencia de Pekín.

Además, el deshielo ha facilitado el acceso a potenciales reservas de petróleo, gas y otros minerales que antes eran inaccesibles, aumentando el interés de las empresas estadounidenses en la exploración de recursos en la isla.

Por otro lado, Rusia ha aumentado su presencia militar en la zona, reactivando bases y desplegando fuerzas en la región. Esto ha llevado a Estados Unidos a reforzar su enfoque en Groenlandia como un punto estratégico para contrarrestar la influencia rusa.

Groenlandia es un territorio autónomo bajo la soberanía de Dinamarca, pero ha mostrado interés en una mayor independencia y Washington quiere aprovechar esa oportunidad por lo que ha seguido fortaleciendo su relación directa con la isla, a través de la apertura de un consulado en 2020 y aumentando la cooperación en seguridad, infraestructura y comercio.

 

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