Por Adriana Madriñán

Pensar ya no está de moda. Jugar sí.

En todo Estados Unidos hay adultos inscribiéndose en clases de mahjong, para sentarse a una mesa con otras personas a aprender algo difícil. Muchos están aprendiendo mahjong americano, una versión del juego chino que se juega en Estados Unidos desde hace unos cien años.

Las reglas caben en una frase: en cada turno tomas una ficha y sueltas otra. Todo el juego está en esa decisión.

En esa mesa nadie le pide a la persona de al lado que decida qué ficha soltar. No tendría sentido. Fueron a mejorar en el juego, y a disfrutar el camino.

Ahora piensa en cómo jugamos muchos con la inteligencia artificial. Nos atascamos, y le entregamos la decisión. Y la siguiente. Y todas.

El juego va más rápido. Y cuando termina la noche, nos levantamos de la mesa sabiendo lo mismo que cuando nos sentamos.

Ya jugamos, todos los días

Hay algo que creo de este momento: pensar ya no está de moda. Jugar sí.

Casi nadie aparta una hora para pensar su negocio. Pero casi todos abrimos una ventana de chat varias veces al día, probamos algo, vemos qué sale y volvemos a probar. Eso es jugar. Es rápido y un poco impredecible, y nunca termina del todo. En mi opinión, eso es lo que hace que estas herramientas sean tan difíciles de soltar.

No creo que eso sea un problema. Creo que es lo más útil que tienen.

La pregunta no es si jugar. Es qué te ganas.

Hay juegos cuyo premio es una IA mejor: resultados mejores, más rápidos, más pulidos. Y hay juegos cuyo premio es un jugador mejor. Desde afuera se ven idénticos. La misma herramienta, la misma pantalla, la misma hora. La diferencia es quién sigue haciendo las jugadas.

Lo que vieron los investigadores

Un equipo de investigadores de Harvard, el MIT, Wharton y Warwick miró esto de cerca, en un documento de trabajo llamado Cyborgs, Centaurs and Self-Automators. Siguieron a 244 consultores de Boston Consulting Group mientras resolvían un problema de estrategia armado para el estudio: recomendarle al director general en cuál de tres marcas invertir. Todos tenían la misma herramienta de IA, y cada intercambio con ella quedó registrado.

La gente jugó de tres maneras distintas.

Algunos le entregaron toda la tarea a la IA. Su trabajo salió rápido y pulido, pero, según el resumen del estudio que publicó MIT Sloan, le faltaba profundidad. Y cuando los investigadores miraron qué habían aprendido esos consultores en el camino, encontraron que no habían ganado habilidades nuevas.

La mayoría trabajó con la herramienta en un ida y vuelta, jugada por jugada, rebatiéndole unas sugerencias y aceptándole otras. No aprendieron mucho más sobre el problema de negocio, pero sí desarrollaron habilidades nuevas para trabajar con IA.

Un grupo más pequeño llevó la batuta con su propio criterio y usó la herramienta para preguntas puntuales. Hicieron las recomendaciones más acertadas, y de paso profundizaron lo que ya sabían.

Dos de esas tres maneras de jugar dejaron a la persona mejor que antes. Solo una la dejó donde estaba: aquella en la que dejó de hacer sus jugadas.

Fíjate: el grupo que más acertó no fue el del ida y vuelta. Fue el que se reservó más jugadas propias.

Sigue siendo un documento de trabajo, y es un solo grupo de consultores con una sola tarea. Pero coincide con lo que yo veo.

Los dueños que suben de nivel son los que juegan

Los dueños de negocio que he visto pasar al siguiente nivel con estas herramientas no son los más técnicos. Son los que juegan.

Le hablan a la IA como le hablarían a un amigo inteligente. La retan. Se divierten. Yo lo describo así: es como jugar un juego donde el otro es tu amigo. Yo hago una movida, tú haces la siguiente.

También he visto lo contrario. En el momento en que pensar con IA empieza a sentirse como una tarea, la gente la entrega. Pega la tarea y se queda con lo que salga. La tarea queda hecha. Pero la parte más humana del trabajo, la que se suponía que era suya, nunca aparece.

Cuando es juego, la gente se queda en la mesa. Cuando es tarea, se levanta.

«No tengo tiempo para jugar»

Es justo. No todo merece un juego.

Una de las investigadoras lo dijo sencillo: entregarle una tarea a la IA está bien cuando el trabajo es repetitivo y el riesgo es bajo. Darle formato a un documento. Resumir una llamada. Redactar la tercera versión de un correo de rutina. Entrégalas, y sin culpa.

Pero cuando la tarea es central en lo que haces, la historia es otra. Una decisión sobre tu precio, tu cliente o dónde poner el dinero del próximo año no es ese tipo de tarea. Ese es el juego. Esas son las jugadas que, si las regalas, no te vuelven como habilidad.

Entrega lo rutinario. Quédate con las jugadas que te hacen mejor jugador.

¿A qué juego estás jugando?

Así que aquí va una pregunta para quedarte con ella, sin juzgar la respuesta.

Piensa en la última vez que trabajaste algo importante con IA. Cuando cerraste la conversación, ¿qué te quedó? ¿La tarea terminada? ¿O algo que entendiste y que antes no entendías?

Si fue solo la tarea, la IA mejoró en el juego. Tú no. No es una tragedia. Solo quiere decir que no estabas jugando de verdad.

La próxima vez que la IA te entregue algo importante, haz una jugada tuya antes de aceptarlo. Cámbialo, rebátelo, o pregúntale por qué.

Hay una forma rápida de saber cómo juegas hoy. Te muestra qué te queda cuando cierras la conversación.

→ El Test de la Obsolescencia. Dos minutos, no pide correo. lab.adrianamadrinan.com/obsolescencia

Sí, utilicé inteligencia artificial para dar forma a este artículo. Enseño a utilizarla estratégicamente; ocultarlo sería extraño. Las ideas son mías. La herramienta me ayudó a organizarlas. No pensó por mí.

The Madrinan Playground™. La ventaja ya no está simplemente en tener acceso a más información o a mejores herramientas. Está en qué tan bien piensas tu negocio en la era de la inteligencia artificial.

Soy Adriana Madriñán, fundadora de The Madrinan Playground™ y estratega de innovación en modelos de negocio para la era de la inteligencia artificial. Diseñadora industrial de formación, con un MBA y una maestría en Marketing. Durante más de diez años he trabajado junto a dueños de negocio en Estados Unidos y América Latina para diseñar negocios preparados para lo que viene.

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