Hay decisiones que no solo cambian tu vida… cambian la historia de tus hijos. Migrar es una de ellas. Y hacerlo siendo mamá, es un acto de amor profundamente valiente.
Llegamos a Estados Unidos con ilusiones, con miedo, con determinación. Dejamos atrás lo conocido —la familia, las amigas, las rutinas— y nos enfrentamos a una nueva realidad donde muchas veces somos todo: mamá, guía, sostén emocional, y también la mujer que sale a buscar oportunidades.









