La inteligencia artificial puede crear una página web, una propuesta o un nuevo proceso en minutos. Pero hacer algo más rápido no significa necesariamente haber repensado el negocio que hay detrás.

Cuando la gente me pregunta qué hago, casi siempre termina contándome sobre su negocio. Me encanta ese momento. Antes me explicaban qué hacía la empresa, a quién vendían, por qué habían empezado. Lo contaban con tanta pasión que casi podía ver el negocio a través de ellos.

“Espera, déjame mostrarte.”

Y aparece el teléfono. La página web, la aplicación, el logo, la oferta. Y debo decir algo importante: muchas veces están realmente bien hechos.

Normalmente respondo: sí, muéstramelo en un minuto. Pero primero cuéntame de qué se trata el negocio.

Entonces llega el silencio. No es que no lo sepan. Es que hace tiempo que nadie se los pregunta.

La IA acortó la distancia entre una idea y algo que podemos ver

Una página web, una propuesta, una campaña o un concepto de producto que antes podía tomar semanas hoy puede aparecer antes de que terminemos el café.

Eso es extraordinario, especialmente para las pequeñas empresas. Por primera vez, un dueño de negocio tiene acceso, por muy poco dinero, a capacidades que antes podían requerir contratar empleados, especialistas o consultores.

La inteligencia artificial acortó la distancia entre una idea y un artefacto. No necesariamente acortó la distancia entre una idea y un buen negocio.

Es como si nos hubieran entregado una impresora capaz de producir en un minuto exactamente lo que le pedimos. Perfecto. El problema es que, algunas veces, lo que sale de la impresora no pasó primero por suficiente pensamiento estratégico.

Y ese pensamiento es parte de lo que significa ser empresario.

Durante un tiempo, tener acceso a estas herramientas fue una ventaja. Ahora nuestros competidores también las tienen. Por eso, la herramienta empieza a dejar de ser la diferencia. La diferencia está migrando hacia otro lugar: cómo piensa el dueño del negocio.

Cuando la IA construye exactamente lo que le pedimos

Hace poco trabajé con un empresario que entrena perros en las casas de sus clientes. Llegó con todo listo: una buena idea, un logo, una página web y un precio fijo. Todo construido con inteligencia artificial y todo muy bien presentado.

“¿Cómo vendo esto?”

Pero antes de hablar de ventas, cambiamos una sola cosa. No cambiamos la página. No cambiamos el precio. No cambiamos la IA. Cambiamos lo que le pedía a la máquina.

Hasta ese momento la había utilizado principalmente para producir: hazme la página, escribe el texto, crea la propuesta. En cambio, empezamos a utilizarla para cuestionar.

¿Dónde están los huecos? ¿Qué supuesto estamos dando por cierto? ¿Quién está afectado por este problema y no hemos considerado? ¿Quién más influye en que el cliente considere que el servicio funcionó?

Entonces apareció algo interesante. Su negocio no tenía un cliente. Tenía cuatro.

Estaba el perro. Estaba el dueño, que era quien pagaba. Estaba la pareja, que quizás nunca quiso tener perro y estaba contando los días. Y estaba el vecino que escuchaba los ladridos a las once de la noche.

Cada uno medía el resultado de manera diferente. El dueño quería un perro que obedeciera. La pareja quería recuperar la tranquilidad de la casa. El vecino quería dormir. Y el perro, el único que no pagaba, quería que siguieran llegando los premios.

Nada de eso estaba en la página. Él lo vio, me miró y se rio.

Su página web estaba hablándole al perro.

Ese descubrimiento cambió lo que debía medir, cómo presentar sus casos, qué evidencia mostrar y hasta la manera de pensar el precio.

La máquina no se había vuelto más inteligente. El empresario había cambiado su relación con ella. Había dejado de utilizar la IA solamente como productora y había empezado a utilizarla también como retadora.

¿Qué no estoy viendo?

La radiografía del negocio

Una radiografía es útil precisamente porque no le importa qué tan bien nos vemos por fuera. Mira debajo.

La ventaja ya no está simplemente en tener acceso a más información o mejores herramientas. Está en qué tan bien pensamos nuestro negocio en la era de la inteligencia artificial.

Este es uno de los territorios que exploro en The Madrinan Playground™: qué cambia cuando utilizamos la inteligencia artificial no solamente para mejorar el negocio, sino también para cuestionarlo.

Cuando miro debajo del empaque de los negocios hoy, ahora que la IA puede hacer que casi cualquier cosa se vea pulida, encuentro con frecuencia cuatro momentos. Y digo momentos deliberadamente. No son cuatro tipos de empresario. Son cuatro paradas en un mismo camino.

1. El regalo perfectamente envuelto.

Todo se ve impecable, pero el negocio todavía se está cocinando. Y no hay nada malo en eso. Apenas está empezando.

2. El mismo perro, con collar nuevo.

La IA funcionó. Hay mejores procesos, mayor velocidad y más producción. Lo que no cambió fue el negocio. La máquina hizo más eficiente el modelo anterior.

3. El que volvió a dibujar el mapa.

Empezó desde otro lugar. ¿Cómo está cambiando mi cliente? ¿Qué dejó de tener sentido? ¿Qué debería permanecer porque es esencial? Solo después decidió dónde debía entrar la inteligencia artificial. No modernizó simplemente el negocio anterior. Lo reconsideró.

4. El que está bien, gracias.

El negocio es rentable. Los clientes siguen llegando. Nada parece roto. Y cuando nada duele, hay pocas razones para pedir una radiografía. El problema es que, cuando las ventas empiezan a bajar, los clientes cambian su comportamiento o aparece un nuevo competidor, la fractura puede llevar tiempo allí.

El primero está dibujando el mapa. El segundo está navegando con el mapa anterior, solo que más rápido. El tercero volvió a dibujarlo. El cuarto todavía no ha tenido necesidad de mirarlo.

¿Dónde está tu negocio hoy?

El verdadero desafío no es técnico

Durante mucho tiempo pensé que los empresarios que tomarían la delantera en este nuevo mundo serían los que desarrollaran mayor habilidad técnica. La habilidad técnica importa. Muchísimo. Pero he empezado a observar otra cosa.

Los empresarios más fuertes no son solamente mejores obteniendo respuestas de la máquina. Son mejores utilizando la máquina para hacer preguntas más difíciles sobre su negocio. Y eso es considerablemente más incómodo.

Es más fácil construir un workflow que cuestionar un workflow.

Construir se siente como progreso. Cuestionar puede revelar que el precio ya no tiene sentido, que el cliente cambió, que una experiencia que tardamos años en perfeccionar ya no importa tanto como antes o, todavía peor, que aquello que estamos orgullosamente automatizando quizás ya no debería existir.

Esto se vuelve especialmente difícil cuando el negocio ha funcionado durante años. Hay empleados. Clientes. Sistemas. Procesos. Conocimiento. Dinero invertido.

A veces la radiografía muestra una fractura que sanó torcida. El negocio todavía camina. Precisamente por eso nadie pensó en revisarla.

Tres movimientos, y el orden importa

Los empresarios que he visto avanzar no hicieron nada extraordinariamente complicado. Hicieron tres movimientos.

Primero, eliminaron lo que se estaba volviendo obsoleto. No lo que era viejo. Hay cosas antiguas que siguen siendo tremendamente valiosas. Lo obsoleto es aquello que dejó de tener sentido para el cliente de hoy o para el negocio que está emergiendo.

Segundo, protegieron lo que era esencial: el conocimiento que solamente ellos tienen, el criterio que desarrollaron, las relaciones, la reputación, los errores que ya pagaron y aquellas partes de la experiencia que sus clientes realmente extrañarían si desaparecieran.

Y tercero, no primero, decidieron dónde la inteligencia artificial podía crear apalancamiento real. Automatizar esto. Acelerar aquello. Personalizar esto otro. Eliminar algo que ya no tiene sentido. Construir algo que antes era imposible.

Eso es muy diferente a pedirle a la IA que modernice todo lo que ya existe.

La relevancia viene de saber qué necesita cambiar.
La diferenciación viene de saber qué vale la pena conservar.

La inteligencia artificial puede ayudarnos enormemente con ambas cosas. Pero alguien todavía tiene que hacer las preguntas. Y esa puede ser una de las mejores noticias de este momento para las pequeñas empresas: el pensamiento estratégico no pertenece exclusivamente a las compañías con grandes presupuestos.

Antes de sacar el teléfono

No estoy sugiriendo que utilices menos inteligencia artificial. Todo lo contrario. Úsala más. Aprende. Experimenta. Vuélvete realmente bueno utilizándola. Yo la uso todos los días.

Pero no la utilices solamente para producir. Úsala también para cuestionar. Para poner a prueba lo que asumes que todavía es cierto. Para encontrar al cliente que olvidaste, la expectativa que cambió, el proceso que ya no necesita existir y el valor que solamente tú puedes crear.

Porque cuando producir se vuelve casi instantáneo, tenemos que volver a poner deliberadamente el pensamiento dentro del proceso.

La próxima vez que alguien te pregunte de qué se trata tu negocio, no saques inmediatamente el teléfono. Respóndele. Y escúchate.

Si lo que dices podría describir a cualquier otro negocio de tu industria, quizás sabes perfectamente lo que tu negocio era. La pregunta más interesante es si ya decidiste en qué necesita convertirse ahora.

Una radiografía no te juzga. Solo te muestra lo que hay debajo.

Haz La Radiografía. Son dos minutos, es gratuita y no requiere registro.

La Radiografía: lab.adrianamadrinan.com/x-ray

Sobre The Madrinan Playground™

The Madrinan Playground™ es un laboratorio abierto creado por Adriana Madrinan para que los dueños de negocio entrenen su manera de pensar con inteligencia artificial.

Aquí no vienes a estudiar teoría sobre IA. Vienes a cuestionar tu negocio: detectar lo que se está volviendo obsoleto, reconocer lo que vale la pena conservar y explorar qué podría ser posible ahora.

Los juegos toman aproximadamente dos minutos, son gratuitos, no requieren registro y cada semana se abre uno nuevo.

Explora The Madrinan Playground™: lab.adrianamadrinan.com

Sobre Adriana Madrinan

Adriana Madrinan es estratega de innovación especializada en modelos de negocio para la era de la inteligencia artificial y fundadora de The Madrinan Playground™.

Diseñadora industrial, MBA y Máster en Marketing, lleva más de una década trabajando con empresarios y organizaciones que apoyan el emprendimiento en Estados Unidos y América Latina. Su trabajo ayuda a los dueños de negocio a reconocer lo que se está volviendo obsoleto, proteger aquello que los hace distintos y reconsiderar en qué necesita convertirse su negocio para seguir siendo relevante.

Más información: AdrianaMadrinan.com

Nota editorial, confidencialidad y uso de IA

Los ejemplos de esta columna están inspirados en experiencias reales de trabajo. Cuando es necesario, se modifican nombres, género, industria y otros detalles identificativos para proteger la confidencialidad de las personas y empresas involucradas.

Utilizo inteligencia artificial como parte de mi proceso de trabajo y escritura. Las ideas, observaciones, argumentos y experiencias son míos. La IA me ayuda a cuestionarlos, organizarlos y darles forma; no a pensarlos por mí. Esa distinción es también parte del trabajo que exploro en The Madrinan Playground™.

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