Latinoamérica evalúa el alcance del nuevo recargo arancelario del 10% impuesto por Estados Unidos sobre todas las mercancías importadas, medida que entró en vigor este martes con una duración inicial de 150 días, luego de que la Corte Suprema estadounidense anulara los aranceles recíprocos previos de la administración Trump. Mientras Brasil y México celebraron el cambio, otros países de la región advierten que la incertidumbre jurídica persiste y puede afectar acuerdos ya firmados.
Según reportó Forbes Chile con información de EFE, el nuevo esquema mantiene exenciones por tratados vigentes y para determinados productos, lo que genera impactos muy distintos según el perfil exportador de cada nación.
Brasil es uno de los más beneficiados por la suspensión parcial de aranceles previos, que llegaron a alcanzar el 50% bajo el esquema anterior. La medida favorece exportaciones valoradas en US$21.600 millones, equivalentes a cerca de la mitad de lo que el país vende a EE.UU. Quedan exentos productos estratégicos como combustible, carne, café, celulosa, jugo de naranja y aeronaves. En 2025, las exportaciones brasileñas a EE.UU. cayeron un 6,6% interanual, aunque Brasil cerró el año con un récord exportador de US$348.700 millones, un 3,5% más que en 2024.
México, por su parte, cuenta con mayor margen de maniobra gracias al T-MEC, que mantiene libre de aranceles a buena parte de sus bienes. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, señaló que el fallo redujo la presión sobre productos fuera del tratado, que habrían pasado de un arancel del 25% al 15%, aunque el gobierno aún evalúa el alcance legal de las nuevas medidas.
Argentina enfrenta una situación más compleja: el fallo pone en duda la base jurídica del Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos (ARTI) firmado con EE.UU. en noviembre de 2025, que contemplaba la reducción del arancel del 10% al 0% para 1.675 posiciones arancelarias. El sector exportador advierte que la anulación de los aranceles recíprocos podría dejar sin sustento la principal concesión obtenida en ese acuerdo.
Chile prevé un impacto limitado en el corto plazo: el cobre refinado, su principal exportación, ya había sido exceptuado en rondas previas, y el arancel del 10% afecta principalmente los márgenes en frutas frescas y salmón, sin alterar sustancialmente los volúmenes. Colombia, en tanto, reconoce que el nuevo recargo global mantiene el riesgo arancelario y que la clave estará en identificar con precisión qué productos quedan exentos según su clasificación específica.
Ecuador enfrenta un panorama más delicado. Aunque en 2025 alcanzó un récord de US$29.402 millones en exportaciones no petroleras —un 18% más que en 2024—, la Federación Ecuatoriana de Exportadores proyecta que el crecimiento podría desacelerarse al 7% en 2026 debido a los aranceles y las tensiones comerciales.
En Centroamérica, Costa Rica y Guatemala optan por el monitoreo técnico y la defensa de los tratados vigentes como el CAFTA-DR. Guatemala, cuyo 30,3% de sus exportaciones —unos US$4.300 millones— se dirige a EE.UU., teme que la incertidumbre jurídica altere las condiciones para textiles y manufacturas. Bolivia, cuyo principal socio comercial es China, enfrenta un menor impacto pese a que sus exportaciones a EE.UU. crecieron de US$271 millones en 2024 a US$415 millones en 2025.
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